Aquí tienes algunos testimonios de personas que decidieron comenzar su terapia:
“Tengo muchas dudas, sobre todo cuando lo que pienso no coincide con lo que piensan
los demás”
“Él es muy controlador y yo soy más impulsiva, por esto tenemos muchos problemas”
“Vengo porque hay un patrón que se repite y me dije a mí misma: no sólo pueden ser las cosas de los demás, también puedo yo tener la culpa”
“Vivo en una montaña rusa, siempre con altibajos”
“Cada vez que hablo de mí me pongo a llorar, creo que algo no funciona”
“Tengo pensamientos en bucle, cuando me pasa algo malo pienso sobre ello todo el rato y no logro salir de ahí”
“Los problemas con mi madre vienen porque me dice que no le expreso mis afectos, es que no me sale con ella”
“Desde hace meses tengo un cansancio enorme y estoy teniendo muchos dolores y creo que me voy a morir”
“Vengo a pedir ayuda para desengancharme de mi marido”
“Soy muy racional. Hay dos relaciones que no se nombrar, la tristeza y la ira”
“Me cuesta poner límites, creo que vivo en un rol de niña pequeña y no sé cambiar”
“Tenemos tres temas conflictivos, las familias de ambos, la competitividad entre nosotros y las tareas de la casa, y estamos en guerra”
“Me invade la ansiedad, no duermo bien, no me gusta mi trabajo actual y estoy muy nervioso, pero no sé por qué”
“Esa es mi carta de presentación: darlo todo, y así me va”
Estas frases son una muestra de las diferentes situaciones que pueden darse en la consulta de un psicólogo; todas son ejemplos reales pronunciadas por personas que se encuentran viviendo momentos llenos de angustia, tristeza, incertidumbre y otras emociones.
Un cierto grado de sufrimiento emocional es consustancial a la vida humana. Pero son numerosas las personas que por la calidad, intensidad y naturaleza de sus perturbaciones se ven imposibilitadas de resolverlas por sí mismas.
Me gustaría acompañarte en la singladura que representa un proceso de terapia. Iluminar con tus palabras tus zonas oscuras para que deje de repetirse aquello que te marca en la desdicha.
No me preocupa que seas feliz, pero si en algún pequeño instante de tu vida esa dicha te invade, me gustaría saberlo.
No es importante para mí que te sientas realizado/a, pero si de repente sientes que tu pecho se expande al sentir ese jubilo, sería interesante que me lo hagas saber.
Lo que sí que te pido, desde nuestro primer encuentro hasta el último, es que te expreses, que hables con el – tu cuerpo; que te pienses y te analices; que reflexiones y te sintetices; que hables de tus deseos, de tus fantasías, de tus miedos y tus anhelos, de tus pasiones y desiertos; que te angusties y te desfogues; que tropieces, te desesperes, te silencies; que atravieses toda tu vida desde el sillón de la consulta; que te maravilles por ser pensante; que despiertes para vivir juntos el mismo mundo que compartimos sin sospecharlo. ¿TE ATREVES A SABER?